Recientemente, durante la instalación de una de las Comisiones con Potestad Legislativa Plena, un diputado del ahora llamado Bloque Democrático (no Bloque Opositor) corrigió a la señora Presidenta del Congreso, el letrado legislador dijo: «Señora Presidenta, la elección no fue por consenso, porque consenso viene del latín consensus que significa por el acuerdo o consentimiento de todos».
Evidentemente, la aclaración del ducho diputado no iba por la forma, iba por el fondo, porque detrás del dato etimológico lo que había era una necesidad acuciante de dejar en actas que la elección de las presidencias y secretarías de aquellos órganos legislativos no era consentido por todos, mucho menos por el ahora Bloque Democrático, sino que era asunto y antojo meramente del oficialismo.
¡Qué curioso! Una legislatura atrás no consideraron al oficialismo para la integración de ningún órgano legislativo más que la Comisión de Redacción —que aquí sí— era por la forma y no por el fondo de las iniciativas de ley.
Con gran desprendimiento cedieron en un par de ocasiones una secretaría del Directorio, pero nunca la Presidencia del Congreso o de las comisiones.
Ahora sí, que el oficialismo tiene amplia mayoría y libre margen de acción apelan al consensus, a la unión de ideas, a la amalgama de ideologías, como si la democracia fuese seguir ciegamente una sola ruta de escape.
Democracia no puede ser sinónimo de unanimidad. En las primeras clases de cualquier curso de Teoría del Estado o Historia de la Democracia se enseña que el mecanismo de las mayorías legitima la democracia, por lo tanto, pensar que la minoría tomará las decisiones, más que ingenuo es quimérico.
Escrito por Jordan Ulate Dondi, Asesor político




