El nuevo ministro de Justicia y Paz, Gabriel Aguilar Vargas, lanzó un mensaje directo y sin concesiones a los privados de libertad del centro penitenciario La Reforma que mantienen una huelga de hambre como medida de presión ante las condiciones de alimentación dentro del penal.
Las palabras del jerarca no dejaron espacio para la ambigüedad ni para ningún tipo de negociación bajo presión.
«Pueden seguir los días que quieran con su huelga, los gobiernos de los pobrecitos ya acabaron, la cárcel no es un hotel», sentencio Gabriel Aguilar Vargas, ministro de Justicia y Paz.
La declaración marcó desde su primer día de gestión un cambio radical en el tono con el que la actual administración se relacionará con el sistema penitenciario, dejando en claro que las medidas de presión desde las cárceles no modificarán la postura oficial.
Quejas por alimentación encendieron la protesta en La Reforma
La huelga de hambre en el centro penitenciario La Reforma no surgió de manera espontánea. Familiares de los internos y colectivos de privados de libertad denunciaron que las porciones de comida que reciben los reclusos son insuficientes y de mala calidad.
Según los reportes de quienes han visitado el penal, muchos internos acumulan semanas sufriendo pérdida severa de peso y pasan hambre diariamente, lo que generó un deterioro generalizado en sus condiciones de vida dentro de la institución.
La protesta es precisamente una respuesta a esa situación: los privados de libertad optaron por suspender su alimentación como forma de visibilizar lo que consideran una violación a sus derechos básicos dentro del sistema penitenciario costarricense.
Aguilar Vargas cierra la puerta a toda negociación bajo presión
A pesar de los señalamientos sobre el estado de salud de quienes participan en la huelga, el Ministerio de Justicia y Paz no mostró señales de ceder ni de abrir un diálogo formal con los manifestantes bajo esas condiciones.
Gabriel Aguilar Vargas ratificó con sus declaraciones que la política carcelaria de esta administración no estará sujeta a ninguna forma de chantaje o presión organizada desde los centros penales.
La publicación de sus palabras en redes sociales desató una amplia ola de reacciones entre la ciudadanía. Las opiniones se dividieron con fuerza: por un lado, quienes aplaudieron la firmeza del jerarca; por otro, quienes exigieron que el Estado garantice condiciones mínimas de alimentación y dignidad para las personas privadas de libertad, independientemente de los delitos que les llevaron a prisión.
El debate abierto pone en tensión dos posiciones encontradas: la mano dura como señal de orden en los penales y la obligación constitucional del Estado de velar por los derechos fundamentales de quienes se encuentran bajo su custodia.
Un arranque que define el perfil del nuevo ministerio
Las declaraciones de Gabriel Aguilar Vargas llegan en los primeros días de su gestión al frente del Ministerio de Justicia y Paz, lo que convierte este episodio en una carta de presentación política clara ante la opinión pública y ante el propio sistema penitenciario.
El mensaje enviado al centro penitenciario La Reforma anticipa que la administración no tolerará que las protestas internas condicionen las decisiones institucionales ni generen concesiones automáticas.
«Los gobiernos de los pobrecitos ya acabaron», insistió Gabriel Aguilar Vargas, en lo que constituye la frase más contundente de su gestión hasta el momento.




