Nicaragua quedó habilitada para recibir contingentes militares extranjeros durante el segundo semestre de 2026, luego de que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo emitiera una autorización que no reparte el acceso en partes iguales: Rusia obtiene un trato claramente privilegiado frente al resto de las naciones incluidas, entre ellas Estados Unidos.
Ese trato diferenciado quedó plasmado en el Decreto Presidencial 05-2026, publicado en La Gaceta, Diario Oficial. El texto abre la puerta a efectivos de Rusia, China, Estados Unidos, Cuba y Venezuela, todos amparados formalmente en el mismo argumento oficial: el «intercambio y asistencia humanitaria de beneficio mutuo en caso de situaciones de emergencia». Sin embargo, lo que el decreto concede en la práctica a cada nación dista mucho de ser equivalente.
A Rusia le abrieron el mar y la seguridad interna
Lo que hace diferente a este decreto es la escala del acceso otorgado a Moscú. El artículo 2 del texto le concede a las fuerzas rusas libertad de movimiento por las aguas territoriales nicaragüenses, tanto en el litoral del Pacífico como en el del Caribe, además de habilitarlas para intervenir en labores que corresponden al Ejército y la Policía de Nicaragua.
En lo operativo, el decreto prevé la entrada rotativa de 80 soldados rusos para actividades de adiestramiento conjunto con el Comando de Operaciones Especiales General Pedro Altamirano.
A eso se suman dos grupos adicionales de 50 militares rusos cada uno, destinados al «intercambio de experiencia con naves y aeronaves en labores de enfrentamiento y lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado», así como a la planificación de maniobras de ayuda humanitaria.
Estados Unidos, reducido al papel de auxiliar en emergencias
El contraste con lo concedido a Estados Unidos es llamativo. El decreto somete cualquier operación estadounidense a una «previa planificación y coordinación con el Ejército de Nicaragua», condición que no se impone con la misma rigidez al contingente ruso.
Las fuerzas estadounidenses solo podrán fondear en puertos o aterrizar en aeropuertos cuando medie una operación de ayuda humanitaria, búsqueda, salvamento o rescate ante emergencias o desastres naturales. Cualquier función ligada a la seguridad nacional, sea marítima o terrestre, les está vetada de forma explícita, una restricción que Moscú no enfrenta.
Venezuela, China, Cuba y México completan el cuadro
El decreto también habilita el movimiento y estacionamiento de tropas, embarcaciones y aeronaves de los principales aliados del régimen. Venezuela se posiciona como la segunda presencia más numerosa, con 180 efectivos autorizados, casi igualando el peso de Rusia.
A distancia figuran 50 militares cubanos y 50 mexicanos, más delegaciones técnicas de los ejércitos centroamericanos. China también aparece entre las naciones con acceso aprobado dentro del esquema de cooperación.
Si se suman los contingentes ruso y venezolano, ambos bloques concentran la mayor masa de tropa extranjera que pisará suelo nicaragüense bajo este decreto, mientras Pekín y Moscú avanzan en consolidar una presencia estructural dentro de la maquinaria militar de la dictadura.
De fondo, un pacto de largo aliento con Moscú
Estas autorizaciones semestrales conviven con un convenio militar de mayor alcance que el régimen negocia por separado con Rusia. Ese acuerdo le garantizaría a Moscú acceso permanente al territorio nicaragüense durante cinco años renovables automáticamente.
El texto de ese convenio no ha sido publicado de manera oficial, pero reportes previos sobre las conversaciones entre Managua y Moscú apuntan a que incluiría acceso a información sensible, entrenamiento conjunto y participación directa en funciones de control interno del país.




